El rey y la República

Updated: Apr 16

En la noche del 14 al 15 de abril de hace ahora 90 años, un hombre ni era alto ni bajo, delgado y con bigotillo, se subió a una barca en el puerto murciano de Cartagena, acompañado por su propia soledad.


Los libros de historia cuentan que en la oscuridad de la noche se veían luces de celebraciones.


No sabemos qué pensó al verlas ese hombre inteligente aunque ajeno a la cultura o debates intelectuales. Los que le conocían decían que era alegre, incluso frívolo, pero que podía deslizarse rápidamente al autoritarismo.


También era caprichoso y toda España hablaba sobre su afición desmedida por los deportes, al juego, a los negocios sospechosos o las mujeres pero, sobre todo, por lo militar. Lo militar lo deslumbraba.


En unos minutos la barca llegó a un crucero de la Armada Española con el nombre de Príncipe Alfonso.


El hombre, Alfonso León Fernando María Santiago Isidro Pascual Antón Borbón Habsburgo-Lorena, embarcó y habló con el capitán. Mostró curiosidad por saber bajo qué bandera navegarían. Se le informó que, por el momento, se mantenía la roja y amarilla, por deferencia. Pero se le avisó que cambiarían a la roja, amarilla y morada al entrar en aguas territoriales francesas, camino de Marsella.


En ese viaje al exilio, Alfonso XIII conservaba su título de rey, que había adquirido hacia casi 45 años nada más nacer.


Lo que ya no tenía era reino.


Su fin había comenzado apenas dos días antes, con unas elecciones municipales.


El rey Alfonso XIII
Alfonso XIII salió hacia el exilio desde el puerto de Cartagena. Foto Creative Commons.

Hola, soy Ana Nieto, bienvenidos una semana más a Calendario de Historias, una producción de Audire Podcasts donde recordamos el pasado y nos preguntamos qué queda de ello.



A comienzos de 1931 el gobierno de España era una dictadura encabezada por el general Dámaso Berenguer, que había sucedido el año anterior al también dictador y militar Miguel Primo de Rivera.


El gobierno de Berenguer –conocido como la dictablanda– no sabía cómo lidiar con la crisis económica mundial causada por la Gran Depresión.


Ni tampoco con la llamada “cuestión catalana”, ni las protestas obreras o de estudiantes, ni con una sucesión de intentonas golpistas fallidas.


El descontento era tal que en el verano anterior partidos no monárquicos de casi todo el espectro político se aliaron en el conocido como Pacto de San Sebastián.


El objetivo del Pacto era claro: la eliminación de la monarquía. Estaban hartos de la injerencia de Alfonso XIII en los gobiernos y de su deriva autoritaria. Hartos de las aventuras militares en Africa. Hartos de las corruptelas del monarca –tanto las reales como las percibidas. Hartos de sus negocios, como que fuera el mayor accionista del Metro de Madrid.


Hartos de favores a amigos.


Tampoco ayudaba su vida disoluta, con cacerías, viajes al extranjero, coches deportivos, mujeres y juego. Se le llegó a conocer popularmente como Fernando el siete y media. Fernando por su nefasto antepasado Fernando VII y siete y media por el juego de cartas.


Así las cosas, la dictablanda de Berenguer cayó y el rey nombró como jefe de gobierno a otro militar: el almirante Aznar, y con un gobierno de afines al monarca intentó planificar una vuelta al pasado, al periodo constitucional de las primeras dos décadas del reinado.

En la hoja de ruta, el primer paso era la celebración de unas elecciones municipales, que se convocaron para el 12 de abril de 1931. Servirían para conocer por dónde respiraban políticamente los españoles, o mejor dicho, los varones españoles mayores de edad. Y así se convirtieron en un plebiscito sobre la monarquía.


También decidió que en esos comicios aplicaría la ley electoral de 1907 que establecía que en las circunscripciones en las que se presentasen un número igual o inferior de candidatos al de puestos de concejales, no habría votación y los candidatos asumirían sin más sus cargos.


Eso llevó a que los caciques locales movieran sus hilos y evitaran los comicios presentando candidatos de su cuerda en el número que les convenía. Y así, una semana antes del día 12 de abril ya se habían elegido por ese método de elección automática un total de 14.018 concejales monárquicos y 1.832 republicanos


Cuando llegó el día de votar, el domingo 12, los ojos de toda España estaban puestos en las ciudades, donde se consideraba que las elecciones tendrían menos irregularidades.


Y ahí, en las ciudades, los partidarios de la república arrasaron. De todas las capitales de provincia los partidarios de la monarquía solo ganaron en 9: Ávila, Burgos, Cádiz, Lugo, Ourense, Palma de Mallorca, Pamplona, Soria y Vitoria.


El gobierno, reunido en el Palacio Real, se dividió en sus opiniones. Pero pronto se vio que solo había una opción y esa era la república. El general José Sanjurjo, al frente de la guardia civil, así lo dio a entender.


Incluso el propio rey así interpretó los resultados.

Pidió al Conde de Romanones, amigo personal y miembro del gobierno, que se reuniera con Niceto Alcalá Zamora, uno de los líderes del Pacto de San Sebastián y que había sido ministro de Fomento y de Guerra de Alfonso XIII, para negociar una transición de poder y el exilio del rey.


Mientras, las calles se desbordaban de alegría. En Vigo, en las primeras horas de la madrugada del lunes 13 al martes 14, un grupo de ciudadanos entró en el ayuntamiento e iza la bandera republicana. Ondeó por 45 minutos.


Y a las seis y media de la mañana, en Eibar, Guipúzcoa, los concejales que recién habían ganado dos días antes, entraron en el consistorio y proclamaron la República. La segunda república española.

Una cascada de ciudades siguieron el ejemplo vasco. Una tras otra, con miles de ciudadanos en las calles y plazas ondeando banderas tricolores, cantando el himno de riego y canturreando la marsellesa.


El rey, todavía en el palacio real, salió hacia las ocho de la tarde. Se subió a uno de sus coches deportivos, un lujoso Duesenberg y se dirigió a Cartagena, para tomar el barco que lo llevaría al exilio.


Alfonso XIII vivió en hoteles en varias ciudades europeas hasta que se trasladó a la Italia de Benito Mussolini. En enero de 1941 renunció a la jefatura de la Casa Real en favor de su hijo Juan. Falleció un mes más tarde. 39 años más tarde sus restos fueron repatriados por orden de su nieto el rey Juan Carlos I y reposan en el monasterio de El Escorial.


La reina Victoria Eugenia y 5 de sus seis hijos se exiliaron el 15 de abril. Salieron en tren camino de Francia. La reina vivió en Suiza, separada de su esposo. Regresó a España una sola vez, en 1968, para actuar como madrina del bautizo de su bisnieto Felipe, hoy Felipe VI. Sus restos también se encuentran en El Escorial.


Alfonso, primogénito de los reyes y por lo tanto heredero salió del Palacio Real en camilla. La hemofilia que padecía le causó numerosos problemas médicos e incluso la impotencia. Eso no fue obstáculo para que se casara dos veces.


Vivió con una asignación que le proporcionó su padre y falleció en Estados Unidos en 1938. Un accidente de tráfico le provocó una hemorragia interna que por su condición de hemofílico le mató. Sus restos descansan en El Escorial.


Juan, el único hijo de los reyes que no se encontraba en España cuando se proclamó la república fue nombrado en 1941 jefe de la Casa Real. Su nieto Felipe es hoy Rey de España.


Los resultados de las elecciones del 12 de abril de 1931 todavía siguen siendo disputados hoy. Según el historiador Javier Tusell, los monárquicos obtuvieron 40.324 concejales, los republicanos 34.688, los socialistas 4.813, un grupo de indefinidos 1.207 y los comunistas 67.


En cuando a la fortuna del rey y qué se llevó al exilio es algo también muy discutido. De lo que no cabe duda es que tenía dinero en cuentas inglesas y suizas y que vivió muy cómodamente.


A tres de sus al menos cinco hijos bastardos les dejó una cuenta en suiza con un millón de pesetas de los de aquella época. A uno de ellos, Leandro, la Justicia le acabaría reconociendo el apellido Borbón, que se ha transmitido a sus descendientes.


Y un legado que ha quedado de Alfonso XIII que seguro no pensaba dejar para la posteridad son tres películas pornográficas por él producidas: El confesor, El ministro y Consultorio de señoras, títulosque se conservan en el archivo visual de la Filmoteca de Valenciana.


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Y otros eventos interesantes sucedieron en 1931, el año en el que en España se proclamó la segunda república.


Un terremoto en Nicaragua dejó 2.000 muertos, en Nueva York se inauguró el Empire State Building, el edificio más alto del mundo hasta 1972. Se estrenó la primera película de Drácula, protagonizada por Bega Lugosi.


Y en España, se aprobó en cortes sufragio femenino, obra en gran medida de Clara Campoamor.


Y en honor a ella cerramos el programa de hoy con una de sus frases:


“La libertad se aprende ejerciéndola”


Calendario de Historias es una producción de Audire Podcast, esto es María Luz Rodríguez desde Ourense, y yo Ana Nieto, desde Brooklyn. Volvemos en una semana.



Para los interesados en más información sobre este tema, en las Notas se recogen interesantes enlaces sobre la rápida proclamación de la II República y apuntes que se nos quedaron en el tintero.