Esclavos, oro y diamantes

Updated: May 17

En julio de 1497 una carabela y tres carracas con 170 hombres a bordo zarparon de los muelles lisboetas de Belém, en las orillas del río Tajo.


El destino de esta flota capitaneada por Vasco de Gama eran las afamadas tierras de las especias en Asia.


¿La ruta marítima a seguir? desconocida.


Y un 20 de mayo del año siguiente, hace ahora 523 años, la expedición de Vasco de Gama llegó a Calicut, en el actual estado de Kerala.


Habían navegado durante más de 10 meses en una travesía en la que no faltaron un conato de insurrección reprimida con mano dura por Vasco de Gama, situaciones hostiles y otras venturosas como el encuentro durante el viaje con un piloto del que se desconoce su nombre pero sí se sabe que conocía el Índico y fue clave para la llegada a India.


En Calicut, al ver la flotilla, una multitud de locales se arremolinó en el puerto.


De entre ellos, dos hombres se adelantaron hacia la tripulación.

Y uno de ellos habló.


En castellano les dijo:

“Que me lleve el diablo, ¿qué os ha traído aquí?”


Era un musulmán tunecino que había tenido contacto con los castellanos y que, por tierra, había llegado a India antes que Vasco de Gama.


Cuadro representando la salida hacia la India de los barcos de Vasco de Gama.
La partida de la flota de Vasco de Gama. Foto de Creative Commons.


Hola, soy Ana Nieto, bienvenidos una semana más a Calendario de Historias, una producción de Audire Podcasts donde recordamos el pasado y nos preguntamos qué queda de ello.



Tras dejar Belem, la flotilla capitaneada por Vasco de Gama navegó rumbo sur, bordeando el oeste de África hasta lo que hoy se conoce como Sierra Leona.


Buscaron los vientos del oeste del Atlántico sur una vez cruzada la línea del Ecuador.


Con éxito. Desapareció del firmamento la Estrella Polar y contemplaron la Cruz del Sur. Y siguieron ese rumbo mientras volvían a buscar las costas africanas.


Cuando África se acabó, giraron de sur a Este.

Acababan de doblar el cabo de buena esperanza.


Ya llevaban cinco meses navegando cuando divisaron Río do Infante, en la actual Sudáfrica. Ningún europeo había pasado más allá de ese punto.


Hasta el momento.


Los cuatro barcos –El San Gabriel, el San Miguel, el San Rafael y el Berrio– continuaron su viaje a lo desconocido en busca del reino de las especias.


A partir de ahí, y bordeando África por su lado oriental, siguieron varios incidentes y equívocos dignos de un argumento de telenovela: se pelearon entre ellos y Vasco de Gama reprimió con mano dura los conatos de insurrección.


Además, se encontraron con que las poblaciones costeras los confundieron con mercaderes musulmanes y se quisieron aprovechar de la confusión. Llegaron a Mozambique y Kenia y entre aventuras y malentendidos, no dudaron en disparar.


Todo ello apenas seis años después de la llegada de Cristóbal Colón a América.


Con Vasco de gama, los portugueses alcanzaron un gran hito en la historia de la navegación abriendo la ruta marítima que unió Europa con Asia.


Portugal cimentó así el nacimiento de un imperio que se extendió cuatro siglos y en cuatro continentes.


Durante ese tiempo, Portugal jugó un papel esencial en el primer gran movimiento global de flora, fauna, materias primas, ideas y, por supuesto, de personas.


De todas las historias que se podrían contar sobre esos cuatro siglos, elegimos dos: metales y piedras preciosas y esclavitud.


Porque lo cierto es que no se puede hablar del imperio portugués sin hablar de la esclavitud. No la inventaron ellos, ya existía en Europa y en Asia y, y también en Africa y en América antes de la Edad de los Descubrimientos.


Ni, por supuesto, fueron los únicos que la explotaron. Españoles, ingleses, franceses y holandeses practicaron ese mercado de humanos a gran escala para enriquecerse en sus colonias, que llegaron a alcanzar a todo el planeta.


Todos ellos contaron con la indispensable colaboración de africanos y mulatos de las zonas costeras. Ellos eran el primer eslabón en una enorme cadena al perseguir y secuestrar a africanos del interior del continente para venderlos como esclavos en los puertos. Ahí arrancaba un mercado global que llegaba hasta Asia pero cuyo destino primordial fue América.


Y en ese gran bazar de la esclavitud, que se alargó durante tres siglos, los portugueses llevaron esta horripilante práctica a niveles nunca experimentados. Y en el proceso, y contribuyeron a asociar al esclavo con negro.


Todo comenzó en 1526 cuando llegó a Brasil el primer barco que viajó directamente desde África con esclavos destinado a proveer mano de obra para las nuevas plantaciones de azúcar.


América se convirtió en uno de los vértices de un triángulo que, grosso modo funcionaba así: en África, los reyes y señores involucrados en la captura de esclavos recibían de los capitanes de barcos municiones, armas, índigo, alcohol, textiles y otros productos fabricados en Europa.


En América, recibían la mano de obra esclava que producía, entre otros, azúcar, tabaco, ron, algodón, participaba activamente en la extracción de metales y piedras preciosas. También desempeñaban labores de artesanos y trabajo doméstico.


Y Europa recibía lo que América producía.


Se estima que entre los siglos XVI y XIX, doce millones y medio de africanos fueron vendidos como esclavos con destino a América.


Solo 10 millones y medio llegaron. Entre millón 800 mil y dos millones murieron en un viaje en condiciones infrahumanas, deshechos por las enfermedades, el hambre, la falta de higiene y los abusos, Los suicidios no eran infrecuentes.


Según datos de la Organización No Gubernamental slavevoyayes, los barcos con bandera portuguesa embarcaron 5.848.226 esclavos, de un total de doce millones y medio.


Le siguieron en tamaño los barcos con bandera británica con más de 3.200.000 esclavos embarcados. Los franceses con casi 1.400.000, los españoles, con poco más de un millón. Con cantidades menores, pero también significativas, participaron en este tráfico barcos estadounidenses, holandeses y daneses.


El destino principal de esclavos en el continente americano fue Brasil con más de 4.900.000 esclavos.


Aunque Portugal fue el primer país europeo en abolir la esclavitud –lo hizo en 1750– la prohibición solo alcanzó al propio Portugal, a sus territorios en India y a los indígenas americanos.


La esclavitud en Brasil continuó mientras hubo imperio e incluso después. Habría que esperar a 1888 a que la república brasileña aboliese, definitivamente y en todas sus formas, la esclavitud.


La persistencia de esta forma de servidumbre está ligada a la explotación de las materias primas.


En el siglo XVII la reina en el imperio portugués fue, sin dudarlo, el azúcar del noreste brasileño. Pero su primacía encontró un abrupto final con el cambio de siglo.


Todo empezó con un grupo de bandeirantes. Esas bandas armadas compuestas por grupos de portugueses y mestizos tenían por costumbre adentrarse en territorios que Portugal reclamaba para sí. En una de esas expediciones, en el extremo norte de Río de Janeiro, encontraron oro en los cauces de los ríos.


Y ahí estalló la primera gran fiebre del oro de la historia.


Dos décadas más tarde, en 1720, se descubrieron diamantes. En una abundancia nunca vista hasta entonces.


La combinación de oro y diamantes derrotó al azúcar. El capital, los colonos y los esclavos dejaron los cañaverales del noreste y emigraron a los nuevos territorios, en lo que hoy se conoce como el estado de Minas Gerais.


Incluso la capital colonial cambió. atrás quedaba Salvador en el norte y ahora gobernaba Río de Janeiro, punto de entrada de esclavos procedentes de África y de salida de metales y piedras preciosas con destino a Europa.


Tanto salió que se estima que en la Europa del siglo XVIII el 80 por ciento del oro circulante procedía de Brasil.


Y esa lluvia de materias primas de alto valor hizo inmensamente rica a la monarquía lusa, que se quedaba con el quinto real. Nada representa mejor esos tiempos que los espléndidos y lujosos Palacios de Mafra y de Queluz, de estilo barroco.


Y fue precisamente ese dinero procedente de la colonia americana lo que permitió a Portugal reponerse de la catástrofe que supuso el terremoto de Lisboa de 1755. El sismo y los subsiguientes incendios y maremotos arrasaron con buena parte de la capital imperial, que se reconstruyó en un nuevo estilo: el pombalino.


Y nos preguntamos, ¿qué pervive en el presente de esa presencia portuguesa del pasado en cuatro continentes?


Queda mucho, pero destacamos dos:


Fruto de la esclavitud del pasado, Brasil es hoy un país multiétnico. Las raíces africanas son notables en la composición demográfica donde el mestizaje es evidente. También se manifiestan activamente en la cultura, desde la comida a la música. Y también en la religión. El sincretismo entre el catolicismo y las creencias espirituales africanas no solo pervive sino que está activo y goza de una excelente salud.


También fruto de ese imperio del pasado, el portugués es la sexta lengua más hablada del mundo. Es la lengua materna de más de 250 millones de personas y es el idioma oficial de Portugal, Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Cabo Verde, Santo Tomás y Príncipe, además de Brasil. Y en Macau, Guinea Ecuatorial y Timor Oriental tiene estatus de lengua co-oficial.


En cuanto a qué pasó en 1498, el año en el que el navegante Vasco de Gama llegó a las costas de India, destacamos las siguientes efemérides:


Fue el año en el que Cristóbal Colón, en su tercer viaje a América, llegó a las costas de lo que hoy conocemos como Venezuela.


En Florencia, el dominico Girolamo Savonarola fue quemado en la hoguera por sus críticas al papa.


En España falleció el inquisidor Tomás de Torquemada y la princesa Isabel, hija mayor de los reyes católicos y, en ese momento, heredera del trono por la muerte de su hermano Juan.


Para el arte fue un gran año, con Miguel Angel comenzando a trabajar en su Piedad y Durero acabando su autorretrato.


Y para el ser humano, también. En China comienza a utilizarse el cepillo de dientes, hecho de cerdas de jabalí. Tardó aproximadamente 100 años en llegar a Europa.



Y terminamos el episodio de hoy con unos versos de s Lusiadas, la gran epopeya portuguesa de Luis de Camoes sobre el viaje épico de Vasco de Gama:



Abriendo el mar profundo

por donde no fue nunca gente humana

Vinimos a buscar el Indo ardiente

Dó nuestra ley divina se acreciente


Este es un nuevo episodio de Calendario de Historias, una producción de Audire, esto es Maria Luz Rodriguez en Ourense y yo, Ana Nieto, desde Brooklyn. Volvemos la semana que viene.