La Gran Guerra llega a su fin

Updated: Apr 16

Tal día como hoy, 11 de noviembre, pero de 1918 se firmó el Armisticio. Supuso el fin de la encarnizada Primera Guerra Mundial en el sangriento frente occidental de Europa y también en el escenario africano.


Ciudadanos de NY celebran en Wall Street el fin de la I Guerra Mundial.
Los ciudadanos de Nueva York celebran el fin de la I Guerra Mundial. Foto Creative Commons.

Hola, soy Ana Nieto y esto es Calendario de Historias, una producción de Audire Podcast. Nuestra misión es recordar el pasado, indagar en algunos de sus momentos y personajes históricos y buscar qué nos queda de ello.



Apenas 3 días antes de la firma del Armisticio, la oposición del Kaiser Guillermo II, emperador de Alemania y rey de Prusia, era feroz. Intentó hasta el último momento prohibir el envío de mensajeros alemanes a las líneas francesas. Persistía en seguir la guerra a pesar de que Austria-Hungría, su gran aliada, ya se había rendido. Y también el imperio otomano y también Bulgaria.


El Kaiser persistía a pesar de los millones de muertos. Y persistía a pesar de la segunda ola de gripe española que devastaba el frente y la retaguardia.


Pero llegó el día en el que se encontró con la oposición de Paul von Hindenburg, Jefe del Estado Mayor alemán y, de facto, presidente del país. Y así fue como Alemania envió cinco coches a negociar el fin de la guerra al norte de Francia.


Allí, en el bosque de Compiege, se encontraba estacionado el vagón del mariscal Foch, que llevaba la voz cantante de las negociaciones por el lado aliado.


Se negoció y se redactaron las condiciones del fin de la guerra. Se encargó al coronel alemán Helldorf que las llevase en mano a la ciudad belga de Spa, donde los alemanes tenían su cuartel general.


Había prisa, porque en una de las cláusulas se establecía que el Armisticio debería firmarse antes de las once horas, del día 11 del mes 11. Es decir, el plazo era de unas 72 horas. Si no había firma, habría más guerra.


Helldorf intentó salir por carretera con la documentación, pero no era posible. Las propias baterías alemanas bombardean sin cesar la carretera de La Capelle, por donde debe pasar.


Ante el impedimento, franceses y alemanes hablan y acuerdan que Francia proveería con un avión para el coronel Helldorf. Alemania, por su parte, se comprometía a no disparar y pide, para que no haya errores, que lleve dos banderas blancas.


Pero antes de despegar, llega otra noticia, las baterías alemanas se comprometen a dejar paso libre por carretera.


Y eso lleva a un nuevo cambio de planes. Es ya el día 9, sábado, a las 3 de la tarde cuando Helldorf por fin parte en coche hacia Alemania. En condiciones normales debería estar entrando en el Cuartel General alemán esa misma noche.


Y mientras Helldorf va de camino, en Alemania ya nada es normal. El Kaiser ha abdicado. El gobierno ha caído.


Esa mañana en torno a las 9, miles de soldados ondeando banderas rojas llenan las calles de Berlín. Se le unen cientos de obreros y 3.000 marinos que vienen de Kiel. Se toman las calles, se asaltan los edificios públicos y en menos de 7 horas se proclama la República Socialista de los Trabajadores y Soldados. Cientos de cruces de hierro y charreteras yacen, tiradas, en las calles. Y también hay cuatro muertos.


Al día siguiente, domingo día 10, Helldorf llega por fin al Cuartel General Alemán. Quedan 25 horas para el fin de la validez de la propuesta de Armisticio. Se revisan los documentos y se comunican con celeridad al nuevo gobierno revolucionario.


Durante horas se estudian las condiciones. Entre ellas, el cese todas las hostilidades en Tierra y Aire en el frente Occidental a las 11 de la mañana del día 11.


Pero también la inmediata retirada de Francia, Luxemburgo, Bélgica y Alsacia-Lorena en 15 días, la inmediata liberación de los prisioneros de guerra aliados y la evacuación de todas las tropas alemanas de Africa.


El novísimo gobierno revolucionario de Alemania da su conformidad y autoriza a los negociadores alemanes a firmar.


El lunes, 11, a las 5 a.m. se firmó el Armisticio en el vagón del mariscal Foch.

La guerra ha terminado. O todavía no.


Según los acuerdos, todavía la guerra continuaba hasta las 11 de la mañana de ese día. Los aliados, que no acaban de fiarse de los alemanes, lanzan una ofensiva. Por si la paz no es duradera, quieren asegurarse las mejores posiciones. Esa mañana, murieron 2,738. Y a las 11, paró la guerra.


Cuando la noticia llegó a los países aliados, hubo una explosión de alegría. La gente se echó a las calles. Sonaron las sirenas de la policía y de los bomberos y tocaron las campanas. La contienda, que se había iniciado en 1914 cuando un nacionalista yugoslavo asesinó en Sarajevo al heredero del imperio Austro-húngaro, había dejado 21 millones de heridos y 20 millones de muertos.


El tratado de Versalles, que reguló las condiciones de la paz llegaría un año más tarde. Pero esa es ya otra historia.


¿Y qué queda de eso hoy?


El 11 de noviembre es festivo en algunos de los países aliados, como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido.


En los países de la Commonwealth, ese día y los anteriores se ven frecuentemente amapolas rojas en la solapa. Es una costumbre que tiene su origen en una idea para recaudar fondos durante la guerra para veteranos, huérfanos y viudas y también para organizaciones como la Cruz Roja.


Es un recuerdo que sigue vivo.


Otros días como hoy, 11 de octubre, también sucedieron los siguientes eventos:


En 1647 la colonia inglesa de Massachusetts en N ordena la obligación de asistir a la escuela. En 1671, los holandeses prohiben la importación de vino francés.


En 1790, el crisantemo, originario de China llega a Inglaterra. Y en 1994 Bill Gates compra el Códice de Leonardo da Vinci por más de 30 millones de dólares. Y en 2004 se confirma la muerte de Yassir Arafat líder de la Organización de Liberación Palestina.Le sucedió Mahmoud Abbass


Para los interesados en recordar qué sucedió en 1918, el año del armisticio, destacamos que ese año las mujeres británicas mayores de 30 años ganaron el derecho a votar. Y el 11 de marzo de ese año Albert Gitchell, estacionado en un cuartel militar en Kansas, Estados Unidos, es la primera persona con diagnóstico documentado como la denominada gripe española. Cuando acabaron sus sucesivas olas en abril de 1929, más de 500 millones de personas habían sido infectadas. Esto es, un tercio del total de la población mundial del momento.


El número de muertos todavía hoy no se sabe. Se estiman entre 50 y 100 millones.


Y terminamos el programa de hoy con el inicio del poema En los campos de Flandes, de John McCrae. Por este poema es que se escogió el símbolo de la amapola roja, que todavía tal día como hoy puede verse en las calles conmemorando el Armisticio.


En los campos de Flandes

crecen las amapolas.

Fila tras fila

entre las cruces que señalan nuestras tumbas.

Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,

escasamente oída por el ruido de los cañones.

Somos los muertos.

Hace pocos días vivíamos,

cantábamos, amábamos y éramos amados.

Ahora yacemos en los campos de Flandes.


Calendario de Historias es una producción de Audire Podcasts.