Las expulsiones de los jesuitas

Updated: Apr 16

Tal día como hoy, 19 de enero, pero del año 1759, el gobierno portugués ordenó mediante un real decreto confiscar las propiedades de la Compañía de Jesús en Portugal y en sus colonias de América y Asia y detener a los jesuitas en su territorio.

Eran malos tiempos para la poderosa orden religiosa, que todavía se podrían peor con su expulsión de España y los dominios españoles en 1767.

En uno y otro país se acusaba a los Jesuitas de intentar subvertir el orden y estar detrás de atentados y motines.


Alegoría pintada en techo sobre los jesuitas.
Del poder y la influencia de los jesuitas se han escrito bibliotecas enteras. Foto Creative Commons.

Hola soy Ana Nieto y esto es Calendario de Historias un podcast con el que de lunes a viernes les proponemos repasar la historia, recordar a sus personajes y ver qué nos queda de ello.


La Compañía de Jesús es una orden religiosa de sacerdotes que viven en comunidad. El origen de los jesuitas, como así se les conoce, se remonta al siglo XVI.


En 1529 el ex militar guipuzcoano Ignacio de Loyola ingresó en el Colegio de Santa Bárbara, en París. Allí sucedieron dos hechos notables. Primero, perfeccionó su método de Ejercicios Espirituales para dedicarse a sus objetivo de servir a las almas. Y segundo, desarrolló una fuerte amistad con dos vascos, 3 castellanos, un portugués y un saboyano. Ignacio y estos seis amigos fueron el núcleo original de la Compañía de Jesús.

El 15 de agosto de 1535, en la capilla de Montmartre, hicieron sus votos de servir a Dios y de peregrinar a Jerusalén.

Sin embargo, esto último no fue posible por las circunstancias de la época y decidieron viajar a Roma. Y allí fue donde el Papa Paulo III creó la orden mediante una bula en 1540.

Era Una orden que desde el principio tuvo una característica que la hacía única dentro del catolicismo. Además de los votos de obediencia, castidad y pobreza común a todas las órdenes religiosas, los jesuitas añadían un voto más: obediencia al Papa. Un voto que en más de una ocasión les traería importantes disgustos.

El éxito de los jesuitas fue inmediato. Con el objetivo de hacer realidad su lema de “A mayor gloria de Dios” se embarcaron en una serie de acciones que les valió reconocimiento.

Entre ellas destacan la labor de los jesuitas en el movimiento de Reforma Católica frente a la reforma protestante, que también se conoce como Contrarreforma.

También les otorgó aprecio y consideración su labor como educadores de las clases privilegiadas y, por supuesto, su labor evangelizadora en todo el mundo, incluido el Extremo Oriente.

Este afán por evangelizar llevó a Francisco de Jaso y Azpilicueta, uno de los fundadores iniciales del grupo de Montmartre a China donde falleció. Pasó al santoral católico como San Francisco Javier. Y en 1597 en la ciudad de Nagasaki se produjeron los primeros martirios de jesuitas que intentaban evangelizar Japón.

Con el tiempo, los jesuitas ganarían fama, riqueza y respeto. Pero también en recelos, suspicacias y enemistades.


Ya en el siglo xviii, en plena época de la monarquía ilustrada, el primer gran escollo surgió en Portugal, donde chocaron con Sebastián José de Carvalho e Mello, más conocido por su título de Marqués de Pombal y que era realmente quien cortaba el bacalao en el Portugal de mediados del siglo xviii.

En Lisboa se escuchaba el rumor de que los jesuitas estaban detrás de las afirmaciones de que todas las desgracias que últimamente acaecían en Portugal, como un devastador terremoto, eran un castigo divino por el mal gobierno.


Los enfrentamientos subieron de nivel cuando los jesuitas expresaron su rotunda oposición a un acuerdo entre Portugal y España por el que ambas coronas acordaban permutar misiones jesuíticas en lo que hoy es Paraguay por la colonia de Sacramento.

Los jesuitas también se oponían a una la empresa creada marqués de Pombal para comerciar con el norte de Brasil.


Así estaban las cosas cuando se produjo el intento de asesinato del rey en 1758, cuando regresaba de ver a su amante y recibió tres disparos de bala. Le hirieron pero no le mataron.

De ese incidente han pasado a la historia varias versiones, pero lo que importa es de lo que acusa el marques de Pombal a los jesuitas: de estar detrás del atentado.

Y esa es la excusa última que se da para la confiscación de sus propiedades y su expulsión de Portugal y de sus colonias, tal día como hoy de hace 262 años.

La expulsión de España y de sus territorios llegaría en 1767, 18 años más tarde que en Portugal y durante el reinado del rey ilustrado Carlos III.


La razón para la expulsión en este caso habría sido la supuesta participación de los jesuitas en lel Motín de Esquilache. Lo cierto es que la investigación sobre los hechos se llevaron en secreto y el encargado de los mismos, Pedro Rodríguez de Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla, era un conocido antijesuita.


Cuando por fin Carlos III decide la expulsión, todos los preparativos se llevaron en el más absoluto de los secretos. El 2 de abril de 1867, cuando los jesuitas se despiertan lo que ven es que sus casas, en toda España, están cercadas por soldados reales. Se les detuvo y se les expulsó.


Primero a Córcega y finalmente a los Estados Pontificios. Sus templos se entregaron a los obispos. Sus fincas rústicas, se vendieron en subasta pública y sus casas se convirtieron en seminarios, o en colegios o se entregaron a otras órdenes religiosas.

De esta época y de esos hechos arrancan numerosos mitos en distintos puntos de Latinoamérica que hablan de presuntos tesoros escondidos por los jesuitas. Mucho se han buscado. Nunca se han encontrado.

Finalmente, en 1773 el papa Clemente XiV disolvió la compañía de Jesús, doblegándose a las peticiones de varias casas reales europeas.

Pero ese no fue el fin de los Jesuitas. Volvieron, aunque en el caso de España se les expulsaría otras dos veces.


La primera de esas veces ocurrió en 1835, durante la regencia de María Cristina. El contexto que la explica es el acercamiento de la reina regente a los liberales, con el fin de que apoyaran la causa de su hija Isabel frente al bando carlista, más conservador.


Volverían y habría otra expulsión. El 24 de abril de 1932, durante la II República, la Gaceta publicó la orden de expropiación de todos los bienes de los jesuitas, a los que se dio diez días para abandonar su comunidad. Esta medida fue muy contestada en aquellos días, incluso dentro del gobierno que la adoptó, la decisión no contó con apoyo unánime.

Un número no especificado de jesuitas desafió la orden pasándose a la clandestinidad y viendo en unos pisos a los que llamaban Coetus, desde donde siguieron desempeñando su labor.

En la actualidad, hay unos 15.800 jesuitas en todo el mundo, según datos de la Compañía de Jesús.

*****


Y otros 19 de enero también sucedieron otros eventos:

En 1880 en Madrid el congreso de los diputados votó a favor de abolir la esclavitud en cuba. Un mes más tarde se publicó la ley en la Gaceta, que operaba como hoy lo hace el boletín oficial del estado.


Sin embargo, esa ley no supuso el fin de la esclavitud porque establecía requisitos difíciles o imposibles de conseguir, como que los esclavos pagasen a sus propietarios por su libertad. Hubo que esperar a un decreto del ministerio de ultramar de 1886 para que el fin de la esclavitud fuera una realidad,

En Puerto Rico, la otra colonia española en el Caribe, la esclavitud se había abolido el 22 de marzo de 1873.

Y en 1759, el año en el que los jesuitas fueron expulsados de Portugal de sus colonias, se abrió la primera tienda de música en lo que hoy es Estados Unidos. En España se proclamó a Carlos III como rey y el papa Clemente XIII, que se había educado con los jesuitas, autorizó la traducción de la biblia a varias lenguas vernáculas.

Y acabamos el programa de hoy con una cita de Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas:

"En tiempo de desolación, nunca hacer mudanza".

Esto ha sido un nuevo Calendario de Historias. En la redacción, edición y producción estamos María Luz Rodríguez, en Ourense y yo, Ana Nieto, en Brooklyn. Las dos somos Audire Podcast y mañana les traemos otro programa. Porque mañana será otro día.