Magnicidios y desestabilización

Hasta cuatro presidentes de EE UU han perdido la vida de forma violenta. ¿Sólo en América? No, en España también ha habido magnicidios.


Coche JFK Jackie Kennedy rosa channel
JFK & Jackie antes de los disparos./ 'G' jewels g is for grandma


En la foto no se le ve del todo la mirada porque la tapa su media melena oscura. Pero se le adivina perdida.

Viste un traje de channel que sabemos que es rosa aunque la foto es en blanco y negro

A su lado está un hombre mayor, con gesto grave. Tiene levantada la mano. Está jurando su cargo ante una juez.




Junto a él está su esposa, con un vestido de un color claro. Con él destaca en una fotografía tomada en lo que parece el pasillo de un avión lleno de hombres con traje oscuro.

El vestido de la mujer de claro, Lady Bird, está limpio. El de la dama vestida de rosa, Jackeline Kennedy, no. Está manchado con la sangre de su marido, el presidente de EE UU de América.

Hacía apenas unas horas John Fitzgerald Kennedy y ella iban en un descapotable en la caravana presidencial que recorría Dallas cuando dos disparos impactaron el cuello y la cabeza del presidente. El gobernador de Texas, que iba con ellos, resultó herido mientras la primera dama se esforzaba por recuperar un trozo del cráneo del presidente que se había desprendido y cubrir su cuerpo.

JFK murió 30 minutos después.

En la foto, hecha poco después de la tragedia, el vicepresidente, Lyndon B. Johnson, tomaba las riendas del país en el mismo avión el Air Force One en el que viajaba de regreso a Washington el féretro del recién asesinado presidente y la viuda manchada de su sangre.

Ocurrió una semana como esta pero del año 1963. En concreto el 22 de noviembre. Fue el último magnicidio cometido en EEUU, un país que ya había enterrado antes a otros tres presidentes asesinados.

¿Solo en América? No, no. Se lo contamos hoy. Pero primero lo primero.

Déjenme presentarnos. Soy Ana Nieto y esto es #CalendariodeHistorias de Audire Podcast. Les acompañamos una semana más en un viaje por la historia para recordarla y ver qué nos queda de ello.


Escuche el episodio, "Magnicidios".

Con el asesinato de Kennedy se vio por televisión la cara más dura la violencia en política.

En democracia,.

A Kennedy le mató un ex marine llamado Lee Harvey Oswald. El propio Oswald cayó también bajo las balas que le disparó el dueño de un club.




Aquello fue una secuencia de actos casi increíble por la facilidad que tuvo para descerrajar un tiro cuando estaba rodeado de policía y periodistas. Oswald fue declarado inestable psicológicamente en su juventud.

La mayoría de quienes a lo largo de la historia de EE UU dispararon y mataron a los cuatro presidentes, hirieron a otros o intentaron acabar con candidatos a la Casa Blanca han sido calificados de personas con problemas mentales, pero también hubo anarquistas e intención política.

Esto fue claro en el primero de los magnicidios. El de Abraham Lincoln.

John Wilkes Booth disparó contra el presidente. Booth era un actor que lamentaba el fin de la esclavitud y simpatizante del bando confederado, el Sur, en la contienda civil americana. El asesino de Lincoln formaba parte de una banda de conspiradores que no aceptaba que con la rendición del General Robert Lee había acabado la guerra.

Alessandra Filindra, profesora de ciencias políticas en la Universidad de Illinois explica que el asesinato de Lincoln supuso un cambio fundamental de política y con profundas consecuencias en nuestros días.

The killing of Abraham Lincoln could be viewed as a significant setback to democracy because he may have had a different approach to the southern reconstruction and to the way that African American civil rights should be handled. So what happened after the assassination of Abraham Lincoln was that Andrew Johnson took over. And he was hostile to reconstruction. He ended up being impeached because of his hostility to reconstruction. And that whole process, I think, was a significant setback to the ability of the Republican Party to impose reforms on the south and maintain the impetus for reforms in the south. So I think that an assassination, a presidential assassination under conditions of extreme polarization, like at that time, or like today, can buy itself to destabilize the system.

(El asesinato de Lincoln puede percibirse como un significativo revés para la democracia porque el podría haber tenido una posición distinta con respecto a la reconstrucción en el sur y la forma en la que tendrían que haber sido gestionados los derechos civiles de los afro americanos. Tras el asesinato del presidente Andrew Johnson tomó el poder y él era hostil a la reconstrucción, de hecho fue censurado y dejó el poder por ello. Todo el proceso, creo, fue un revés a la capacidad del Partido republicano para imponer reforma en el sur y mantener el ímpetu de estas. Creo que un asesinato en condiciones de polarización extrema como entonces o como hoy puede desestabilizar el sistema político)

Por primera vez, EE UU enterraba a un presidente en ejercicio asesinado.

Y hubo otras marchas fúnebres presidenciales.

James Garfield, que sobrevivió a varios disparos casi tres meses tras pero murió por complicaciones de un cuidado médico que no estuvo a la altura.

Ya en el siglo XX, William Mckinley murió con una gangrena provocada por dos disparos recibidos en un acto oficial.

Las balas alcanzaron a otros dos presidentes, Theodore Roosevelt y Ronald Reagan pero se recuperaron. En el caso del primero, fue un discurso de más de 50 páginas doblado y la funda metálica de unas gafas guardadas en el bolsillo lo que detuvo la bala que iba directa a su pecho.

Otros presidentes han sido objetivo de personas armadas, inestables o con motivaciones políticas.

Escuchamos de nuevo a la profesora

And I have no doubt that if we had access to secret service records, we would find that there are assassination attempts against practically every president in the 20th century. I have absolutely no doubt that no president has not been the target of an assassination attempt or some kind of credible threat.

(No tengo dudas de que si tuviéramos acceso a los archivos del servicio secreto encontraríamos intentos de asesinato contra prácticamente todos los presidentes del siglo XX. No tengo ninguna duda de que todos hayan sido objetivos creíbles de un intento de ello)

Otros cargos electos también han perdido la vida o han sufrido los efectos de las balas en distintos momentos de la historia.


En el ataque fallido contra Franklin Roosevelt falleció el alcalde de Chicago, asesinos segaron la vida de otro Kennedy,— Bobby el fiscal general del estado—, de Matin Luther King y de Malcom X, y hace unos años fue una congresista demócrata la que milagrosamente no perdió la vida, Gabrielle Giffords.

The access to firearms in the US has made that far more peasy. And, and it's it's a significant problem

El acceso a las armas de fuego en EE UU ha facilitado todo y ahora es un problema significativo.

Dice la profesora Filindra.

Pero como dije al principio, EE UU no es un país único en este sentido.

Sin remontarnos mucho tiempo, solo recordando el siglo XX no es fácil olvidar el asesinato del egipcio Anwar el Sadat.

Ni el que aún está por resolver en Suecia que también enterró a su primer ministro Olof Palme.

Isaac Rabin, de Israel también fue asesinado y hasta un papa, Juan Pablo II, fue atacado a tiros.

En Inglaterra, en los últimos años, dos políticos han sido asesinados.

Y en España, también ha habido magnicidios.

El último es quizá el más conocido. Era el 20 de diciembre de 1973. El almirante Luis carrero Blanco acababa de oír misa en los jesuitas

Como todos los días.

Se subió al coche junto al conductor y su escolta y cuando pasaban por la calle Claudio Coello de Madrid. Boom


Un comando de ETA fue el responsable.


Fue una acción espectacular, que tocó al corazón del franquismo. Pero no lo acabó.

El fin llegaría 2 años después cuando Francisco Franco murió en la cama y los engranajes para la transición a la democracia se pusieron en marcha.

Fue el quinto magnicidio en España.

En orden cronológico, el cuarto fue en 1921. El presidente era Eduardo Dato, el líder del Partido Conservador. Dato iba en un coche que aminoró la marcha para girar en la rotonda de la Puerta de Alcalá y allí se le acercó un sidecar con pistoleros a bordo.

Los autores fueron tres anarquistas catalanes.

El tercer magnicidio fue el de José Canalejas, líder del partido Liberal. Ocurrió en pleno centro de Madrid, en la Puerta del Sol esquina con calle carretas. Estaba parado delante de un escaparate mirando libros. El autor material fue el anarquista Manuel Pardiñas, quien al verse rodeado por la policía se suicidó. O eso fue lo que se dijo y hoy se discute.

El segundo magnicidio fue en el sitio más improbable para el ruido y el caos: un balneario. Era el 8 de agosto de 1897 cuando Antonio Cánovas del Castillo leía el periódico sentado en un banco. Se le acercó el anarquista italiano Michelle Angiolillo, le disparó y le mató.

Angiolillo había vivido en Barcelona, donde quedó muy impresionado por las torturas macabras infligidas a 400 detenidos por un atentado en la ciudad condal durante lo que se conoció como el proceso de Montjuic.

Angiolillo fue detenido y ejecutado.

El primer asesinato de un presidente en España ocurrió en 1870. Fue en diciembre en una tarde-noche en la que nevaba. Como estaba planeado, el carruaje del general Juan Prim, presidente del gobierno provisional, lo recogió a la salida del Congreso de los Diputados para llevarlo a su hogar.

Al día siguiente le esperaba un gran acontecimiento. La culminación de meses de trabajo. Debía viajar a Cartagena para recibir al nuevo rey de España. Uno que él había elegido personalmente: Amadeo de Saboya, duque de Aosta.

Mientras el carruaje avanzaba por la calle Turco, parece que ni Prim ni el cochero encontraron extraño que hombres solitarios encendiesen un fósforo cada vez que los sobrepasaban.

Y al llegar al final de la calle, antes de girar a la calle Alcalá, una ráfaga de trabucazos dejó a Prim bañado en su propia sangre. Tras dos días de agonía murió.

Y como en los buenos libros de novela negra: muchos sospechosos. El regente y general Francisco Serrano, empresarios con intereses en Cuba, partidarios del hijo de Isabel II o de su cuñado, el duque de Montpensier

Uno de los atentados contra un jefe de gobierno más sangrientos en España fue el que se hizo contra el rey Alfonso XIII y su esposa el día de su boda. Un anarquista lanzó un ramo de flores con una bomba al paso del cortejo y mató a más de 20 personas. Los reyes, salieron ilesos.

Otro atentado contra una casa real fue el que perpetró un grupo nacionalista contra el heredero de la corona astrohúgara en Sarajevo fue la chispa que encendió la primera guerra mundial.

No tenemos tanto podcast para recordar la violencia contra el poder, democráticamente elegido o no. Es un hecho y ahora toca revisar qué nos queda de ello hoy, 58 años después del asesinato de Kennedy.

Lo que queda es la evidencia de que vivimos en sociedades que pueden volverse muy frágiles y que hechos de violencia aislada pueden cambiar el curso de la historia y de la voluntad popular.

Es algo que puede ocurrir en una sociedad en la que la polarización y radicalización política y social se han tensado en buena parte del mundo gracias a discursos bastante similares, por cierto. Y hay un violencia latente no solo contra los semejantes sino también contra las instituciones.

La pandemia ha agravado la situación y los mandatos para atajarla se manipulan para presentarlos como una forma de tiranía. Hay que tener en cuenta que el lenguaje da forma a los actos y se nota cómo está subiendo la temperatura de la dialéctica en los Parlamentos, en los medios de comunicación, los sociales, en las calles.

Es el caso de lo que pasó el 6 de enero de 2021 en EE UU cuando una muchedumbre tomó el Congreso,la profesora de ciencias políticas Alexandra Filindra cree que la situación en EE UU es especialmente grave por el fácil acceso a las armas

That a number of people have been indoctrinated and have accepted these narratives. That as the people and they see themselves as the people, they have a right to confront. Government with lethal violence. And it is their right in it is their moral obligation even to do so to prevent tyranny. And they feel that they are virtuous. And righteous in what they're doing.

(Se ha adoctrinado a una serie de personas que han aceptado ciertas narrativas. Y esas personas se ven como quienes tienen el derecho a confrontar al gobierno con violencia letal. Y es su derecho y su obligación moral para prevenir lo que ven como tiranía. Y se ven virtuosos y llenos de razón en lo que hacen)

Para la profesora Filindra hay tareas inmediatas para atajar esta situación.

Explica que hay que dejar de normalizar el discurso de la violencia y penalizar la promoción de esta,

Cree que las plataformas sociales tienen que tener reglas más fuertes para discernir lo que es violento y acabar con esas narrativas.

And the media in general should not give air to this type of behaviour. It is a huge problem when we have a media outlet that has presenters who use this language and who promote this idea because there are a lot of people who are listening.

(Y los medios en general no deberían dar aire a este tipo de comportamiento, es un gran problema cuando tenemos medios en los que los presentadores usan este lenguaje y promocionan estas ideas porque hay mucha gente escuchando)

Les dejamos con estas reflexiones por hoy. Maria Luz Rodríguez y yo, Ana Nieto, les recordamos que volvemos la semana que viene con un episodio más de Calendario de Historias.

Nos oímos.