Mensaje Interestelar

Hace 47 años se mandó una comunicación desde Puerto Rico que puede ser oída por civilizaciones en planetas lejanos

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Observatorio de Arecibo, Puerto Rico./Creative Commons.

Nunca hay una segunda oportunidad para dar una primera buena impresión.


Cuando oí esta frase por primera vez me dijeron que era original de Oscar Wilde, y si la menciono hoy al inicio del podcast es porque es lo primero que se me vino a la cabeza cuando decidimos el tema a tratar esta semana en Calendario de Historias.


Porque esta semana hemos decidido recordar la primera tarjeta de presentación de la humanidad a una posible vida extraterrestre. Se trata del mensaje de Arecibo, una señal de radio que se mandó al espacio hace 47 años con destino a un cluster de estrellas llamado Messier 13. Una señal que pudiera ser escuchada por la civilización que exista más allá de la Tierra.


Si existe.


En su momento, cuando fue emitida, se consideró que era como un mensaje una botella lanzado al océano. El primer mensaje intencionalmente mandado al universo.


Un mensaje con cierta controversia que vamos a comentar pero primero lo primero. Hay que presentarse. Soy Ana Nieto, bienvenidos una semana más a Calendario de Historias, un podcast semanal de Audire en el que echamos la vista atrás para recordar el pasado, sin nostalgia pero con ganas de aprender y también para ver qué nos queda de ello hoy.



El año fue el 1974, cuando aún se sufrían las consecuencias de la gran crisis del petróleo del año anterior, Richard Nixon dimitía por el escándalo Watergate y en Portugal la revolución se hacía con claveles.


El día fue el 16 de noviembre y la ocasión fue la celebración de una actualización importante en el gran radiotelescopio de Arecibo, en la isla de Puerto Rico. Pese a que mandar un mensaje así, a una civilización desconocida es una cuestión existencial, en realidad el mensaje de Arecibo no se mandó con la esperanza de que un día fuera contestado.


En aquel momento se concibió como un acto simbólico, de impacto, para mostrar el renovado poder de este gran observatorio situado en el estado libre asociado de EE UU. Para mostrar la capacidad de transmisión de su gran antena.


El mensaje lo escribió el astrofísico director de Arecibo, Frank Drake, entonces profesor de astronomía de la Universidad de Cornell y fundador del proyecto de investigación de vida extraterrestre, SETI.


Como no se espera que más allá de nuestra atmósfera se entienda ninguna de las lenguas que hablamos se escribió en un código binario, con unos y ceros.


En total son 1.679 caracteres que una vez decodificados representan un mensaje simple. Contiene la representación de los números, también los elementos químicos esenciales para la vida, se muestra la hélice del ADN, el diagrama del sistema solar además de una representación muy básica, casi infantil, de un humano y del propio observatorio estadounidense.


Y así, el telescopio de Arecibo, uno de los ingenios que desde la Tierra se encargaba de observar, escuchar el espacio y buscar señales de vida en ese momento se convirtió en un emisor humano para enviar esas mismas señales, a través de ondas de radio.


Es un mensaje que viaja rápidamente desde entonces. De hecho, se calcula que al final del día en el que se emitió ya había salido de nuestro sistema solar.


Con todo y con ello, aún le queda mucho para llegar a su destino, Messier 13, el grupo de estrellas que está a más de 22.000 años luz.


A Drake le ayudó, entre otros, el gran astrónomo, científico y comunicador, Carl Sagan.


Sagan y Drake habían trabajado antes en las placas que se mandaron con las naves de exploración Pioneer 10 --en 1972--y el Pioneer 11, un año más tarde, con entre otras cosas la representación grabadas de dos humanos, un hombre y una mujer. A diferencia de las ondas de radio de Arecibo esta es una representación visual.


Años después, en 1977, se lanzó la nave de exploración Voyager que está en el espacio interestelar desde 2012. En ella hay dos discos de oro con imágenes y sonidos de la tierra cuya selección también corrió a cargo de Sagan.


Pero tras el optimismo de las posibilidades humana y del Universo llegó la crítica al mensaje de Arecibo.


Sir Martin Ryle fue el primero en mostrar su desacuerdo con la iniciativa. Ryle era un físico que ese mismo año recibió el premio Nobel y cuyos descubrimientos en radio astronomía han sido claves en la exploración espacial.


Ryle demandó a la Unión Astronómica Internacional que no se mandaran ese tipo de mensajes dado que no se sabía si los destinatarios serían pacíficos o no. El Nobel propuso que solo se mandaran mensajes si había un acuerdo internacional para ello.


Es la misma tesis que sostenía Stephen Hawkins, que es uno de los fundadores del Breakthrough Listen Project con el que se investigan áreas del espacio. el físico quería conocer pero no comunicarse por las dudas sobre la bondad de los extraterrestres. Proyectamos que los extraterrestres son algo que podemos entender pero quién sabe.


Con todo, hay quienes están dispuestos a mandar más mensajes y de hecho METI, una organización sin ánimo de lucro fundada por el astrobiólogo Douglas Vakoch, sigue mandando mensajes a estrellas cercanas.


Además, aunque no tengan la misma intención hay ondas de radio de FM y de Televisión que se escapan y llegan al espacio. La misma teoría que supone que alguna civilización pueda oír el mensaje de Drake indica que puedan ver capítulos del Gran hermano o saber cuál fue la canción del verano. La intención no es contactar pero ahí están.


Para alivio de muchos esas ondas de radio pierden claridad en la distancia espacial.


Y ¿qué queda de aquel mensaje y aquella polémica?


Del mensaje queda


el silencio.


Mientras sigue su camino a la espera de ser captado y quizá, contestado, seguimos viviendo en la llamada Paradoja de Fermi, que es como se conoce a la contradicción de que no haya evidencias de vida extraterrestre pese a la alta probabilidad de que esta exista en un universo imposible de abarcar y del que aún se sabe tan poco.


En cualquier caso, si quienes han de contactarnos deben hacerlo respondiendo al mensaje de Arecibo, cuenten esta historias a sus hijos para que la cuenten a sus nietos y sus tataranietos para que estos avisen los suyos porque la respuesta desde Messier 13, no llegaría a la tierra antes de 48,000 años.


Y esto es una hipótesis, dada la rotación en la galaxia, es posible que la onda de radio no llegue a este cluster de estrellas.


En cualquier caso se trata de muchas generaciones a la espera en un planeta frágil y ridículamente mal avenido.


Lo que no ha resistido el paso de mucho tiempo ha sido el propio telescopio del observatorio de Arecibo, una estructura que quizá les es familiar si vieron la película Golden Eye de 007 o Contact con Jodie Foster.


Maltratado por huracanes, el último y más grave de todos el Maria en 2017, terremotos y lo que podrían ser fallos de componentes de construcción, en diciembre 2020 el radiotelescopio se vino abajo.


Los cables de sujeción cedieron, se rompieron y el ingenio al que acudían astrónomos de todo el mundo para su trabajo encontró su fin al estrellarse triste y espectacularmente contra el disco encajado en la tierra sobre el que se alzaba. 900 toneladas de equipamiento echado a perder.


Se ha perdido una de las piezas básicas para explorar los límites del universo, el telescopio que ha permitido encontrar los primeros exoplaneta y hacer mapas de Venus y de la Luna, entre otros méritos científicos


Quedan algunas operaciones científicas en la zona en la que se ha dado prioridad a las labores de desescombro pero desde el observatorio se es optimista y se está trabajando en forjar la alianza político económica y científica necesaria para volver a colocar a este punto de Puerto Rico en el mapa interestelar.


De momento, el único observatorio similar al de Arecibo está en China y la comunidad científica espera ahora una reconstrucción de un telescopio mejorado en la isla.


Una curiosidad con respecto al observatorio puertorriqueño. El lugar fue elegido y la construcción financiada por el programa ARPA de investigación del pentágono en 1958 para poner una antena de radio con la que controlar misiles balísticos. La alternativa a la localización en Puerto Rico era la isla de Cuba, algo que seguramente habría costado mucho en el Pentágono.


También nos queda la literatura. A quienes hacemos este podcast nos gusta mucho mucho Ted Chiang. En su libro de cuentos Exhalation hay un pequeño relato, el Gran Silencio, que les gustará leer. Y lean a Carl Sagan, especialmente El mundo y sus demonios.


Y si quieren saber hasta dónde llega la imaginación, Cosmos, de 2019 es una película cuyo desarrollo transcurre casi íntegramente dentro de un Volvo pero lidia con mensajes interestelares.


Nos despedimos por esta semana. Somos Adudire podcast y este programa lo hemos hecho Maria Luz Rodriguez desde Ourense y yo, Ana Nieto desde Brooklyn. Les recordamos que volvemos la semana que viene. Nos olmos.