• María Luz Rodríguez

Stonehenge: la magia del solsticio

San Juan el Divino es la catedral gótica más grande del mundo. Eso la hace única. y a pesar de ello, los turistas en Nueva York suelen ignorar este templo protestante que está muy cerca de la Universidad de Columbia.


Para los neoyorquinos, es un lugar muy querido. Es famoso por su laberinto para meditar y también por las bendiciones que allí se dispensan: de animales en otoño y de ciclistas en primavera.


Sobre todo es conocido por sus conciertos en los dos solsticios. El de invierno, el día más corto del año, y el de verano, cuando celebramos lo contrario: el día más largo.


Los conciertos aprovechan la fabulosa acústica de la catedral. Comienzan en las altas horas de la madrugada. Cuando todavía es noche.


Y de repente, a través del magnífico rosetón de 10 mil cristales de colores, se cuelan unos rayos, se desvanecen las tinieblas y se hace la luz.


Quienes lo han visto lo describen como pura belleza. Una experiencia mística. Incluso una revelación, casi sobrenatural.


Y no deja de llamarme la atención que en tiempos de fabulosos avances científicos y tecnológicos los humanos seguimos maravillándonos por lo mismo que asombraba a nuestros ancestros en épocas muy, muy lejanas.


Y por esta razón y porque esta semana celebramos el solsticio de verano nos vamos a muchos kilómetros de esta iglesia a la actual Inglaterra para hablar de Stonehenge.


Porque hace unos 5.000 años, un grupo de hombres y mujeres, que desconocían la escritura, construyeron un círculo con piedras gigantescas.


Lo sorprendente es cómo lo trazaron. Los rayos que acaban con la noche más corta del año se levantan sobre un semi círculo megalítico, conocido como Piedra Talón, para tocar, con su luz, el corazón de Stonehenge.


Y ahí está, Para quien quiera verlo, esta alianza de piedras y luz derrotando a las tinieblas desde hace más de 50 siglos.


El complejo megalítico de Stonhenge.
Stonehenge. Foto de Creative Commons.

Hola, soy Ana Nieto, bienvenidos una semana más a Calendario de Historias, una producción de Audire Podcasts donde recordamos el pasado y nos preguntamos qué queda de ello.



Vamos a hablar de una construcción que comenzó hace unos 5.000 años. Pero para ubicarnos, ¿qué pasaba por aquellas fechas, siglo arriba, siglo abajo?


Pues los fenicios se asentaron en lo que hoy es Líbano y Siria. Un poco más al este, los asirios encontraron su casa en el norte de Mesopotamia y al sur florecía la civilización sumeria, a la que se le atribuye la invención de la escritura cuneiforme.


Mientras, a las orillas del Nilo, los faraones levantaban la gran pirámide de Giza y su esfinge. Y lejos, muy lejos, en América, se establecieron las bases de la lengua maya y apareció la cerámica por primera vez en ese el continente.


En Europa también se movían las cosas. en lo que hoy es España, concretamente en Almería, apareció Los Millares, la primera ciudad de la península Ibérica.


Y en lo que hoy es Inglaterra, a unos 120 km de Londres, un grupo de hombres y mujeres crearon Stonehenge: el complejo megalítico más famoso de la prehistoria. Tardaron, se estima, al menos mil años.


El elemento esencial de la construcción fueron piedras enormes. Se encajaron en el suelo y se colocaron de pie formando cuatro círculos y semi círculos concéntricos. Todos ellos rodeados por un foso con un diámetro del tamaño de un campo de fútbol.


Hoy sabemos que esa construcción de piedras formaba parte de un complejo mucho más extenso. Se han identificado restos de más círculos de piedras e incluso uno de madera.


También hay restos de fosos, de más de mil casas y de avenidas ceremoniales. Y lo que parecen restos de personas de importancia. No puede tratarse de un cementerio regular porque solo se enterraron a unas 500. Lo curioso es que antes de sepultarlos, se les cremó.


Al desconocer la escritura, los constructores de Stonehenge no dejaron constancia de por qué dedicaron mil años o lo que es lo mismo -el trabajo de nada menos que 40 generaciones- pARA construir ese mega círculo de piedra.


Se especula que, posiblemente, fuera un observatorio astronómico. Y de ahí que en los solsticios los primeros rayos del día se elevan sobre el círculo de la piedra Talón para incidir, directamente, en el eje de la construcción.


Curiosamente, esos mismos días, al anochecer, los últimos rayos de sol señalarían directamente al eje del círculo de madera, del que hoy solo quedan restos arqueológicos.


Llama la atención que muy cerca hayan aparecido muchísimos huesos de animal. Es algo que ha llevado a expertos a elucubrar sobre la celebración de grandes fiestas con ocasión del solsticio.


Puede que Stonehenge fuera también un lugar sagrado. Incluso lugar al que sus constructores atribuían poderes sobrenaturales, lo cierto es que no se sabe.


Lo que sí sabemos es que era lo suficientemente importante como para transportar hasta ese lugar 80 piedras gigantes. Hoy solo vemos en posición vertical poco más de la mitad, pero sabemos que hubo más.


Tan gigantescas son que, de media, cada una es más alta que una casa de dos plantas. Y tan pesadas son que es más liviano levantar 1 elefante africano macho en edad adulta que una de esas piedras. Y en algunos casos llegan a pesar más que cuatro elefantes.


Para mover semejantes armatostes se cree que se utilizaron bolas de piedra o incluso de madera, a modo de rodamientos. Además, serían necesarios unos 400 hombres por piedra, tirando y arrastrando.


¿Y cuánta distancia? la misma que hay desde Madrid a Cáceres.


Se ha demostrado que al menos una de cada tres de esas mega piedras procede de las Colinas Preseli, en lo que hoy es Gales.


Pero no solo eso. Recientemente un equipo de arqueólogos británicos ha logrado conectar piedras de Stonehenge a un círculo pétreo desmantelado en la localidad galesa de Pembrokeshire.

La teoría, que con los datos en la mano parece sustentarse, demuestra que para la gente que construyó Stonehenge no solo era esencial mudarse a un nuevo lugar, sino que en su mudanza debían llevarse esas piedras.


¿Qué representaban?¿Cómo encajaban en su visión del mundo? ¿En su espiritualidad? ¿En su inframundo o en su firmamento?


Preguntas sin respuestas.


¿Y qué sigue presente hoy de todo eso?


En 1986 la UNESCO declaró como patrimonio de la humanidad los restos neolíticos de Stonehenge, Avebury y Lugares Aledaños.


En 2019, la última celebración del solsticio de verano antes de la pandemia, 10.000 personas se congregaron en Stonehenge para festejar el amanecer día más largo del año, siguiendo una tradición de miles de años.


En Manhattan este año se celebrará el concierto de solsticio del que hablamos al principio de este episodio.Pero será en modo pandemia. Virtual y no desde la catedral.


Quienes han ido me recomiendan que vaya a estos conciertos. Les haré caso. Iré al del solsticio de invierno, dentro de seis meses.


Y antes de acabar queremos recordar el episodio de Calendario de Historias titulado 6 de octubre, en una galaxia lejana. En él, hablamos no del solsticio, sino del equinoccio, cuando los días y las noches son igual de largos. Hablamos de los llamados “milagros de la luz”. Hay varios en España, ¿has visto alguno?


En este episodio de Calendario de Historias las efemérides van a ser un poco distintas. Porque, ¿qué año le atribuimos a Stonehenge?

Como no hay respuesta posible, hemos optado por recordar qué sucedió en 1986, el año en el que la UNESCO declaró que estos restos arqueológicos del neolítico son, ahora, patrimonio de la humanidad.


Ese año arrancó con el ingreso de España en la Unión Europea, aunque en aquel entonces se la conocía como Comunidad Económica Europea. Fue también el año en el que los españoles votamos sí a permanecer en la OTAN y elegimos a Felipe González como presidente del gobierno, por segunda vez.


Mientras, ETA imponía otro año de plomo. Entre los numerosos atentados terroristas destaca en el la Plaza de República dominicana en Madrid. Murieron 12 guardias civiles y 60 resultaron heridos.


También fue año de desastres en otros países. En Suecia fue asesinado el primer ministro Olof Palme. A día de hoy sigue siendo un crimen sin resolver.


En otra esquina de Europa, en Chernóbil, ocurrió el mayor accidente nuclear de la historia. Hoy es Ucrania, de aquellas era la Unión Soviética.


Por su parte, en EE.UU, la otra superpotencia, 1986 fue un año que quedó grabado en la retina de millones de telespectadores. La causa fue la desintegración del transbordador Challenger cuando despegaba de Cabo Cañaveral. Murieron sus 7 tripulantes, entre ellos una maestra.


El challenger no llegó al espacio, pero sí lo hizo MIR, la estación espacial soviética. Y el firmamento nos deslumbró con la visión del cometa Halley. Lo volveremos a ver en 2061, dentro de 40 años.


Y acabamos recordando que 1986 fue el año en el que se estrenó Dragon Ball, nació Lady Gaga y Queen dio su último concierto en directo con Freddie Mercury como cantante. Y, por supuesto, fue el año del Mundial de Fútbol en México. Argentina se proclamó campeona, por segunda vez, y Maradona con su “mano de dios” se elevó a nivel de super mega astro.


Terminamos el programa de hoy con una cita de un best seller publicado en 1986, el año en el que la UNESCO declaró a Stonehenge patrimonio de la humanidad.


Nunca mentimos mejor que cuando nos mentimos a nosotros mismos.


La frase es de la novela IT, de Stephen King.


Este episodio ha sido una producción de Audire Podcasts. María Luz Rodríguez, desde Ourense y yo, Ana Nieto, desde Brooklyn, nos despedimos hasta la semana que viene.