Un volcán y el mundo que creó

Una semana como esta segunda de abril pero de hace 206 años la naturaleza dio a los humanos una dramática lección sobre la conexión que hay entre todos los que habitamos la Tierra.


Fue antes de que llegara el telégrafo, cuando las noticias, incluso las más terribles, se movían despacio y no se conectaron todas las señales hasta mucho más tarde.


Pero la lección sigue ahí. Para quien quiera verla


Porque tenemos las crónicas de lo que sucedió en Sumbawa el 10 de abril de 1815. Sumbawa es una isla que se encuentra en la actual Indonesia, entre Bali y Timor—y aunque cueste encontrarla entre las miles de islas de las que entonces eran las Indias Orientales, una colonia holandesa, lo que ocurrió en Sumbawa ese día llegó con el tiempo , y no mucho, a todas las esquinas del planeta.


Les damos una pista, un año más tarde, en el noreste de EE UU, nevó en junio.


Pintura de Joseph Mallord W. Turner.
La erupción en Asia cambió los cielos en Europa. Nadie lo captó tan bien como Turner. Foto de Creative Commons.

Bienvenidos una vez más a Calendario de Historias. Soy Ana Nieto y les invito a repasar la historia, a conocer a sus personajes y ver lo que nos queda de ello hoy.



El 5 de abril de 1815 el Mount Tambora en la isla de Sunbawa empezó a escupir piedras y lava para luego quedar callado.


Por poco tiempo.


Cinco días después, el 10, la cima explotó.


Fue un rugido que se oyó en cientos de kilómetros a la redonda y con él llegó la explosión de roca, fuego y cenizas ardientes. Ríos de lava y un fuerte viento que levantó el calor acabaron con la arboleda de la zona. La flora no fue la única víctima.


Entre 70,000 y 100,000 personas murieron abrasadas o por la caída de las piedras.


La explosión piroclástica ha sido calificada como la más violenta en la historia de la humanidad. Ni la del Krakatoa, también en Indonesia— y que tuvo hasta película— o la del Pinatubo de Filipinas fueron tan devastadoras.


Ni sus consecuencias tan extendidas.


La nube de roca, fuego y ceniza alcanzó los 42 kilómetros de altura. ¿Cómo es eso de alto? Para ponerlo en perspectiva es bueno pensar en la altura a la que vuelan los aviones. No más de 13 kilómetros.


La nube fue más elevada que la que de la explosión del Vesuvio en el año 79 que devastó Pompeya y Herculano.


Unas 60 toneladas métricas de sulfuro salieron del monte tambora, lo que junto con la ceniza formó una velo alrededor de la estratosfera que perturbó el clima al bloquear el sol en todo el hemisferio norte, desde Europa hasta Canadá y EE UU.


Las temperaturas que ya venían siendo anormalmente bajas bajaron más el año de la erupción y el siguiente. 1816, de hecho se recuerda como el año sin verano.


Restos de la ceniza y el concentrado de sulfuro se han encontrado en las capas de hielo de Groenlandia, al otro lado del globo en vetas que se calcula que corresponden al 1816


En Europa en 1815 finalizaron las Guerras Napoleónicas. El escritor Victor Hugo en su obra Los Miserables culpa a la lluvia de la derrota de Napoleón en Waterloo en junio.


Aún no se ha demostrado sin lugar a la duda que esa inusual y torrencial lluvia fuera causada por el Tambora.


Pero si tuvo que ver, es posible que un volcán a 12,000 kilómetros del campo de batalla belga fuera responsable de cambiar el curso de la historia de Europa.


Hipótesis aparte, con el fin de las Guerras Napoleónicas, la realidad es que muchos soldados se desmovilizaron para encontrar más miseria de la que esperaban por una guerra que ya había sido muy dura con el campo. El inusual frío y las fortísimas lluvias acabaron con muchas cosechas y hubo hambre, tifus y muchas de enfermedades asociadas con la falta de comida sana. Hasta los caballos morían por falta de alimento y se convirtieron en el de los humanos.

En Irlanda las cosechas de patatas se echaron a perder, se comía lo que se podía y las enfermedades se multiplicaron y miles murieron a miles de kilómetros del monte tambora.


Lo mismo ocurrió en China con el arroz, cosechas perdidas. En India el monzón tras la erupción del Tambora fue mucho más pronunciado y el cólera apareció para llevarse la vida de miles y extenderse por otros países.


Y en la zona de Nueva Inglaterra en EE UU el desastre de las cosechas fue tal que muchas de las familias que vivían del campo comenzaron a emigrar más allá del río Ohio, al oeste en busca de mejor clima con el que trabajar las cosechas. En buena medida, esta emigración fue parte del motivo que permitió constituir dos estados más en la Unión. Indiana en 1816 e Illinois dos años mas tarde.


El velo que impedía que el sol brillara como de costumbre ha quedado reflejado en el arte que nos queda de esa época. Piensen en las acuarelas de Turner con esos atardeceres rojos y nublados.


Y la pesadumbre de aquella época, el gris y la lluvia inspiraron a Mary Wollstonecraft, conocida más por su nombre tras casarse, Mary Shelley. En unas vacaciones en las que estaba quien iba a ser su marido y Lord Byron entre otros empezó a escribir Frankenstein, una tragedia lúgubre escrita en un momento incierto y apocalíptico y un canto al poder de la naturaleza contra la que no se puede ir con trucos.


Otra de las cosas que quedan en nuestros días de estos años de lluvias y escasez es la bicicleta. A la vista del destino de los caballos, y tal y como explica el profesor de Cambridge, Chris Townsed en the Paris Book review, el barón Karl Drais, un estudiante de matemáticas e inventor pensó en una alternativa para el caballo para los desplazamientos que pudiera mover el hombre y diseñó la primera “máquina de correr”.


Y en 1815 el año en el que explotó el Monte tambora, los libros de historia también hablaron del Congreso de Viena que con el fin de las guerras napoleónicas creó un nuevo equilibrio de poderes e impuso la Pax Britannica en Europa y que se mantuvo hasta la I Guerra Mundial con el liderazgo del Reino Unido. Napoleón derrotado fue desterrado en la isla de Santa Elena.


En Suiza, se abrió la primera fábrica de queso y


En España, el Rey Fernando VII, que volvió al poder y desarticuló el orden constitucionalista creado en 1812 con la Constitución conocida como la Pepa, mandó fuerzas para reestablecer el dominio español en América. Pablo Morillo capitaneó unas tropas que .sitiaron de Cartagena de indias en Colombia y laminó a la oposición en Nueva Granada.

Finalizamos el Calendario de Historias de esta semana con versos de don Donne. Los que hablan sobre cómo todos estamos conectados, algo que ha dejado muy claro los tiempos que vivimos en estos momentos, en 2021…

Ningún hombre es una isla

Entero por si mismo,

Todo hombre es una pieza del continente,

Una parte del todo.

Este es el poema Meditación XVII decimoséptima de Donne y acaba así.

La muerte de cualquier hombre empequeñece,

Porque es parte de la humanidad

Por ello, nunca pregunte por quien doblan las campanas,

doblan por tí.

Nos despedimos con Donne por hoy. Maria Luz Rodríguez desde Ourense y yo, Ana Nieto desde Brooklyn les esperamos en otro capítulo de Calendario de Historias el lunes que viene. Si se suscribe a este podcast en la aplicación que maneje para escucharlo, llegará automáticamente.

Hasta entonces, cuídense.