• María Luz Rodríguez

La huella holandesa de Nueva York

Updated: Apr 16

Tal día como hoy, pero de 1674, Nuevo Amsterdam pasó formalmente a manos inglesas. O lo que es lo mismo, La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales cedió la propiedad de Nueva York al duque de York, hermano del rey de Inglaterra.


Foto de NY  con el Empire State Building en primer plano.
Empire State Building, NYC. Foto Creative Commons.

Hola, soy Ana Nieto y esto es Calendario de Historias, una producción de Audire Podcast. Nuestra misión es recordar el pasado, indagar en algunos de sus momentos y personajes históricos y buscar qué nos queda de ello.



Esta historia comienza siglo y medio antes y en el hogar de los Lenapes.


Antes del contacto con los europeos, en la isla de Manhattan y territorios adyacentes, los Lenapes eran el grupo más numeroso.

Semi-nómadas que vivían en grupos pequeños y se mudaban de campamento tres veces al año. En sus movimientos seguían el ritmo de las estaciones, según el interés estuviera en pescar, cazar o sembrar y recolectar.


No se sabe exactamente cuándo los europeos y los Lenapes entraron en contacto. Pero en un mapa de Juan de la Cosa de la primera década del siglo xvi apunta a que ese área de América ya era conocida, posiblemente por expediciones de balleneros.


Sin embargo, habría que esperar a 1524 para que se produjese la primera interacción conocida. En abril de ese año, La Dauphine, bajo el mando de Giovanni da Verrazano echó ancla entre lo que hoy conocemos como Staten Island y Brooklyn. Hubo un contacto corto con los nativos, que fue bien, y al poco La Dauphine levó ancla y partió.


En los siguientes años se multiplicaron las expediciones europeas. Unos, como Henry Hudson a bordo del Media Luna, buscando una ruta hacia las Indias, exactamente la misma ruta que había querido encontrar Cristobal Colón.


Otras expediciones buscaban, sin embargo, esclavos. Y otros, los más, buscando pieles de castor y nutria. Esto dio pie a que pronto se desarrollara un intercambio donde los nativos entregaban las pieles a cambio de artículos de fabricación europea, como cuchillos, hachas y ollas de hierro. Y luego, por alcohol y armas.


Testigos de esas expediciones describieron a esas tierras como un vergel de pasto y bosques con cedros, castaños, robles y arces. Y abundancia prodigiosa de ciervos, osos, pavos salvajes, castores y nutrias. Y también de pescados y mariscos, con ostras y langostas gigantescas.


Y un comentario recurrente era el aire limpio, con olor a flores. Su calidad era tal que se especulaba que podían curar resfriados e, incluso, la tuberculosis.


Y a ese edén es a donde los holandeses llegaron para quedarse a principios del verano de 1624. Los pioneros fueron 30 familias y a su asentamiento le llamaron Nueva Amsterdam. Eran la avanzadilla de la recientemente creada Compañía de las Indias Occidentales, fundada a imagen de la tremendamente exitosa Compañía de las Indias Orientales.


La compañía de las Indias Occidentales tenia el monopolio de todo el comercio holandés con Africa Occidental y las Américas. Su objetivo era uno: ganar dinero para los accionistas. Los métodos eran, sin embargo, dos: el comercio y guerrear contra España allá donde fuera posible.


Y un pequeño inciso aquí, esto hay que entenderlo en el contexto de las luchas entre España y las siete provincias rebeldes de las Provincias Unidas, también conocidas como Holanda, por la más grande y rica de las siete.


Durante los primeros años el desarrollo de Nueva Holanda fue lento, pero imparable, siguiendo un modelo híbrido de centro de intercambio de pieles y colonización. Se construyó el primer fuerte, justo en la punta sur de la isla de Manhattan. Se levantaron aserraderos y molinos de viento.


También se importaron esclavos de Africa aunque también los historiadores creen que había esclavitud de indígenas e incluso de españoles capturados.


Y según avanzó la pequeña ciudad de Nueva Amsterdam, que seguía siendo propiedad de la Compañía de las Indias Occidentales, se incrementaron los conflictos con los nativos. La viruela, la difteria, el tifus y el sarampión, enfermedades para las que los nativos no tenían defensas, mataron a aproximadamente al 90 por ciento de los Lenapes.


Otras causas de conflicto fueron el pago con alcohol y armas a cambio de pieles, que aumentó los incidentes violentos. También la presencia de vacas y cerdos de los europeos que andaban sueltos y destrozaban los huertos de los nativos.


A eso hay que añadir la rápida deforestación provocada por la construcción y expansión de Nueva Amsterdam, lo que alejaba a animales que los nativos cazaban para alimentarse. La gota que colmó el vaso fue el control por parte de los europeos, más específicamente los ingleses, que estaban un poco más al norte, del wampum, cuentas de conchas marinas que los nativos utilizaban como pago y que en Nueva Amsterdam se aceptaba como dinero.


La tensión acabó en guerra. Cuando acabó en 1645. 1600 indígenas habían muerto y un buen número de colonos.


La Compañía de las Indias Occidentales intentó arreglar el desaguisado nombrando a un nuevo director: Petrus Stuyvesant, un calvinista acérrimo que durante las siguientes dos décadas impulsó la urbanización de Nueva Amsterdam, llegando incluso a empedrar la primera calle. También fundó el primer orfanato y contrató al primer maestro.


Sin embargo, se le acusó de poner por encima de los intereses de los colonos los de la Compañía que le pagaba el sueldo y también de intolerancia.


Y en esa tensión entre los colonos y el director Stuyvesant vivía Nueva Amsterdam cuando un conflicto lejano entre Inglaterra y Holanda vino a solucionarlo drásticamente.

Un acuerdo entre Londres y Amsterdam en el contexto de la tercera guerra anglo - holandesa supuso un intercambio.


Surinam con sus plantaciones de azúcar y sus esclavos pasaba a manos de la Compañía de las Indias Occidentales. Y, por su parte Nueva Amsterdam pasaba a ser Nueva York, propiedad del duque de York. Y así comenzó otra historia


¿Y qué queda hoy de Holanda en Nueva York?


Pues varias cosas, como el mito nunca demostrado de que los holandeses compraron Manhattan a los Lenape por 24 dólares.

También el nombre de Manhattan, que tiene su origen en el Manna-hata nativo, que posiblemente significara isla con colinas.

La bandera de la ciudad de Nueva York es, a día de hoy, tricolor, con franjas en azul, blanco y naranja. Exactamente igual que la de Nueva Amsterdam.


Y el nombre del último gobernador holandés pervive en el nombre del instituto Stuyvesant, uno de los centros de élite del distrito de educación pública de Nueva York.


Y nombres de origen holandés perviven en lugares como Brooklyn, Wall street, Harlem y Bowery.


Acabamos con un dato curioso. El gran puente que une Staten Island con Brooklyn y donde empieza el Maratón de Nueva York se llama Verrazano, casi como el apellido del primer europeo que echó ancla en las aguas sobre las que pasa el puente.


Pero entre apellido del marino y el nombre del puente hay una z de diferencia.

Se ve que el encargado de escribir el nombre del nuevo puente en la Autoridad Portuaria no era un italo–americano.


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Tal día como hoy, 10 de noviembre, también sucedieron los siguientes eventos:


En 1942, la tropas de la Alemania nazi invaden la Francia de Vichy. En 1983 Bill Gates presenta públicamente Windows 1.0 y en 1989 los berlineses comienzan a derruir el Muro de Berlín.


Y también tal día como hoy nacieron el monje Martin Lutero, que líder de la Reforma y el Protestantismo, el actor Richard Burton y el compositor Ennio Morricone, quien puso música a películas como Erase una vez en el oeste, La batalla de Argelia o La Misión.


Para los interesados en saber qué pasó en 1674, el año en el que Nueva Amsterdam pasó a ser Nueva York, recordamos que El Tratado de Westminster puso fin a la tercera guerra anglo-holandesa y que se disolvió la primera Compañía de las Indias Occidentales.


Y acabamos el programa de hoy con una cita del escritor Francis Scott Fitzgerald:


"La ciudad vista desde el puente de Queensboro es siempre como si se la viera por primera vez, con su primera promesa salvaje de todo el misterio y toda la belleza del mundo".


Esto ha sido Calendario de Historias. Una producción de AudirePodcasts, esto es María Luz Rodríguez y quien les habla, Ana Nieto. Mañana será otro día.